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Oct
29
2015
Santiago, CLMovistar Arena
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Sting: un inglés en Santiago...

El cantante británico mostró su categoría ante un Movistar Arena repleto.

Tocaba en el Shea stadium en agosto del ’83 con The Police, la banda más grande de la Tierra en ese momento, y supo que sería solista. Gordon Sumner es así, se adelanta, como se deshace del equipaje que estima innecesario. Hace cuatro años estuvo en el festival de Viña revisitando sus clásicos en versiones sinfónicas y la noche de este jueves en el Movistar Arena regresó al formato banda, a la experiencia del ensamble de virtuosos sin aspavientos como, por lo demás, era The Police.

Barbudo, la frente amplia, ejemplo de conservación como siempre, encajó las tres primeras canciones sin respiro: If I ever lose my faith in you, con la voz impecable, entera, las cabriolas originales del coro, portando su carreteado bajo Fender precission moldeado en los años 50. No hay pantallas gigantes en la retaguardia, las luces son sobrias. Sigue con Every little thing she does is magic en una versión más mullida, con ese barniz jazz que ha impreso en su carrera solista. Envalentona al público para corear y todos le hacen caso al ex profesor. Empalma Englishman in New York y es recibida con vítores. Vinnie Colaiuta se luce en el quiebre recreando los poderosos tambores del original, mientras el público canta al unísono aquello de “se tú mismo, no importa lo que digan”.

Pausa. Sting saluda brevemente en español, presenta a la banda que completan David Sancious (un histórico de la E Street band de Bruce Springsteen), Dominic Miller (un clásico en su alineación), y la corista Jo Lawry. Ataca con So lonely, una de las pocas que no interpreta en el tono original, contenida en el primer álbum de The Police. Parte arrolladora pero en la sección media el conjunto se contiene para ceder protagonismo al teclado. Continúa una de las canciones con título más kilométrico de la historia del rock pop: When the world is running down, you make the best what’s still around. Otro momento para que Sancious haga lo suyo. Se gana una ovación mientras Sting se instala a su lado urdiendo enrevesadas escalas.

Sigue Seven days del álbum Ten summoner’s tales (1993). Es menos conocida y la gente reacciona sentándose por primera vez en casi media hora de intenso concierto. Del mismo álbum baja las revoluciones con la suave Fields of gold. El temperamento de la noche cambia con una poderosa versión de Driven to tears, de las primeras canciones junto a The Police que daba cuenta de sus inclinaciones por el jazz, en tanto la memoria rellena esos fills únicos de Stewart Copeland que Colaiuta no aplica. Luego pide al público que responda la frase “no rain” al turno de Heavy cloud no rain (también de Ten summoner’s tales) y la orden se acata de una. Desfilarán más clásicos como Wrapped around your finger en una noche redonda. Con Sting no queda más que esperar clase y nunca defraudarse ante el rendimiento.

(c) La Tercera by Marcelo Contreras

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