Sacred Love
Jun
02
2004
Barcelona, ESPalau San Jordi
With Nelly McKay
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Sting impone su madurez en el Sant Jordi ante 10,000 personas...

El cantante britanico ofrece en Barcelona un concierto elegante y pulcro. Elegante, sobrio y puntual. Eran las 22:00 horas y las luces del escenario del Palau Sant Jordi comenzaban a destellar recibiendo a un caballero sobriamente vestido con pantalon oscuro de lino y camisa de igual tejido, tambien oscura pero con cuello y punos blancos. Era Sting, ante 10.000 personas, uno de los pocos a los que queda bien una camisa con punos y cuello asi, quien cantaba seguro la ritmica Sacred love mientras las pantallas que tenia en la parte de atras del escenario vomitaban imagenes llenas de colorido.

El publico vociferaba como sabe hacerlo en el inicio de los conciertos largamente esperados y la banda, cinco instrumentistas y dos coristas, comenzaba a demostrar porque era el grupo de un artista tan pulcro como Sting. Por delante se abrian dos horas en las que cada asistente llenaba mentalmente los minutos con las canciones que queria escuchar y asi, entre pensamiento y realidad, el publico se comenzaba a entregar a Sting.

Unas 10,000 fueron las personas que se acercaron al Sant Jordi, que en esta ocasion redujo su aforo con la disposicion en la parte posterior de un gran telon negro que reducia distancias permitiendo afirmar que tecnicamente Sting habia vuelto a llenar. Lo cierto es que la produccion que desplego el artista britanico no cabria en recintos mas pequenos sin perder impacto visual, de todas formas conseguido mas mediante un montaje sobrio y elegante que por la vulgaridad de las dimensiones.

Un delicado juego de luces en tonalidades uniformes, ausencia de destellos y flashes y unas pantallas que desde la parte de atras mostraban proyecciones alusivas a la tematica de las canciones fueron los ejes de la puesta en escena de Sting. El, mandando en el centro, tomaba su bajo, y sin apenas moverse su presencia bastaba para dominar al Sant Jordi entero.

Sin aspavientos, dejando discurrir tranquilas voz y canciones, sin prisa alguna, con maneras pausadas. En 'Fragile' todo quedo banado por luz naranja y verde y el publico silbo emocionado. Sting en su salsa. Luego llego 'Fields Of Gold', el puente de luces se elevo y el publico se hizo palmas mientras las pantallas posteriores se fragmentaban recogiendo un bano de amarillo que contrastaba con el morado que coloreaba a toda la banda. Sting, en el centro, era dorado. Feten.

Asi transcurrio la noche, entre elegancia, comedimiento y extrema pulcritud en el ritmo pausado que uniformo todo el repertorio. Exhibiendo aire de modelo para maduros orgullosos, Sting transporto al respetable a un mundo de equidad, clase y distincion en el que los aspectos mas feos y desagradables de la existencia fueron barnizados con un ensalmo elaborado a base de pop elegante y pulcro con toques de jazz, aromas de reggae desleido en perfume y evocaciones de musica etnica. En 'Englishman In New York' el publico se alboroto, Sting dijo ''yeah, yeah'', la luz fue multicolor y de repente, virada a rojo, comenzo 'Roxanne'. Luces abajo, como en los clubs rockeros, y el personal perdio repentinamente veinte anos, volviendo a aquellos ochenta en los que Sting no era tan atractivo e interesante como veinte anos mas tarde. Paradojas. Para los bises un pellizquin mas de Police y casa, que ya no son edades. En dos horas.

(c) El Pais by Luis Hidalgo



Sting exhibe madurez y éxitos de The Police en el Palau Sant Jordi...

Sting abrió anoche el desfile de astros pop de la programación del Fòrum-ciutat con un concierto en el Palau Sant Jordi en el que presentó su último disco, 'Sacred Love'. Los momentos más ovacionados de la actuación fueron, como era de esperar, aquellos en los que el cantante británico repasó éxitos pasados, incluidos algunos recuerdos de su antiguo grupo, The Police.

La sala de Montjuïc, con capacidad para 18.000 personas, se habilitó para acoger a 10.500 espectadores, según la organización. Una cifra que se situó dentro de las expectativas de asistencia habituales en los conciertos de Sting (en sus anteriores visitas, en el 2000 y 1996, actuó en un recinto menor al Sant Jordi, el Palau d'Esports). El sistema de telones del local olímpico permitió que se creara en la sala un ambiente cálido, sin la desalentadora visión de asientos vacíos.

Y Sting irrumpió en escena, acompañado de una banda numerosa, consciente de que su presente creativo difícilmente puede rivalizar con el pasado. Abrió con 'Send Your Love', de su último disco, a la que siguieron otras tres canciones recientes. Andanadas de pop sobrio; unas veces, funcionalmente rítmico; otras, tendente al intimismo confesional. Tras presentar a los músicos en un improvisado castellano, abordó 'Dead Man's Rope introduciendo unas estrofas de Walking in your footsteps, de The Police.

La primera explosión de la noche llegó con un clásico del añorado trio, 'Synchronicity II', de tacto casi metálico. ''?Qué tal?'', preguntó antes de lanzar un grito enigmático: ''¡Señorita!''. A sus espaldas, cuatro pantallas de vídeo ofrecían imágenes evasivas como único aditivo escénico a un show centrado en la música, donde el protagonismo recayó en todo momento en Sting y sus músicos, con el guitarrista Dominic Miller en cabeza de una troupe que incluía dos coristas, dos teclistas, batería y percusiones.

Sting sabe en qué momento creativo y comercial se encuentra, y por ello oxigena sus conciertos con periódicas citas a sus primeros discos en solitario y al repertorio de The Police. Pero, aun así, en esta gira se siente generoso con la cuota reciente: nueve canciones de Sacred love que anoche impusieron cierta calma chicha en un Sant Jordi a la espera de platos más especiados y que Sting sirvió alternando su instrumento habitual, el bajo, con la guitarra.

'This War', otra canción del nuevo disco, aludió a una guerra, la de Irak, ante la cual el cantante se manifestó en su momento en contra. Y 'Sacred Love' virtió versos conciliadores, acordes con el imaginario actual de un Sting cada día más espiritual, que se mostró ayer a gusto por formar parte de la oferta dialogante del Fòrum. ''Cada hombre, cada mujer / Cada raza, cada nación / Todos se ven sometidos / al amor sagrado'', cantó el británico en esta pieza. Dos clásicos, 'Fragile' y 'Fields of Gold', interrumpieron felizmente un guión orientado, en la parte central del concierto, al material reciente.

Pero hasta los fans más incondicionales esperaban que, en la recta final del show, la temperatura se caldeara con referencias a otros tiempos. El pronóstico no falló. No hubo mención a Walking on the moon (canción interpretada a lo largo de la gira y que ayer no sonó), pero sí a 'Englishman in New York', con un fragmento central jazzístico que recordó los días de 'The Dream of the Blue Turtles', y también a 'Roxanne'.

El clásico de The Police renació en una versión muy dilatada, con altos y bajos que alteraron su tensión interior, pero que terminó llevando a la audiencia al clímax. Una cita al presente, Never coming home, también en versión generosa de minutaje, centró el concierto. Y un plus de bises prolongó la sesión a través de 'Desert Rose', If I Ever Lose My Faith In You' y otro trofeo de The Police: 'Every Breath You Take', en una adaptación algo acelerada que agitó platea y gradas. El punto final lo puso una canción de 1999, 'A Thousand Years'.

El tono dominante a lo largo de la noche fue el de un pop sobrio con escasas aristas, homologable con los menús confortables de las radiofórmulas adultas. La furia de los días de The Police queda lejos. El presente de Sting es el de un músico capaz de brindar conciertos formalmente impecables, pero sin la energía liberada de otros tiempos.

(c) El Periodico de Catalunya by Jordi Bianciotto



Sting unites 10,000 fans in the Palau Sant Jordi...

The first great musical star of the Fórum had it easy. The 10,000 souls that filled three quarters parts of the Palau Sant Jordi had the desire to listen to the sound of the musician and his guitar. And his voice. Sting's low, melodic tone maintained its quality from the first song to the last throughout the two hour concert.

Sting counted on the gifted support of Jason Rebello on piano, the guitar of Dominic Miller, the powerful drumming of Keith Carlock, the synths of Kipper, the dark, immense percussion of Rhani Krija and, of course the voices of Joy Rose and Donna Gardier. These last two a discovery.

Sting opened the concert - the first of only two concerts in Spain celebrating the 'Sacred Love' album - on schedule at 10pm. As the ticket office were still issuing tickets and the people were still buying merchandise the first chords could be heard within the walls of the Palau. Sting was living up to the British attribute of punctuality.

The angelic blonde dressed in fitted black shirt with white cuffs and collar soon made you forget he was past his fiftieth birthday. Behind him, three large screens displayed videos that accompanied each song from sensual dancing women, to images of golden fields during 'Fields of Gold'.

The new songs with their anti-war stance and culture mix can trace their origins to the day the Twin Towers fell culminating with Bush's victory over Saddam Hussein. The crowd followed the songs but kept their passion hidden until, as always, the 'classics' were played.

The emotion began to grow with 'Fragile' and 'Fields of Gold' but it reached the ceiling of the Sant Jordi with 'Englishman In New York'. The screen backdrops showed live images of the singer in black and white, in keeping with the video for this song - the one of Sting almost twenty years younger, taking a walk with umbrella in hand and long ''melena'' along the streets of the ''Big Apple''.

The show's apotheosis which reached the Barcelonian sky, came with 'Roxanne', one of Sting's biggest successes dating from when he was still with The Police. Red lights, as described in the lyrics, combined with ten minutes of applause, singing and whistling were all in this version which also mixed in some phrases from 'Message in a Bottle'.

It was followed by a song from the latest album and in turn by another classic from his solo career, 'If I Ever Lose My Faith In You'. And with the end approaching, time for another classic with the crowd singing along to 'Every Breath You Take'. Sting gave everything that was expected of him, except for some words in Castilian, ''Good night Barcelona. Thank you very much, Good-bye!''

(c) El Mundo very kindly translated by Yvonne Grier

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